Thursday, April 26, 2007

Leopoldo de Luis: Camino del poeta Ramón de Garciasol

CAMINO DEL POETA RAMÓN DE GARCIASOL(*) Por Leopoldo de Luís (1)

“Camino por ese momento de la vida, entre cumplido y melancólico, del segador que llega a las lindes de su predio. ¿Has cosechado para alguien que no sea él? Resultaría muy triste ponerse a la última cena a solas”.  Sincero y amargo párrafo de uno de los más graves escritores españoles de la postguerra. Porque así murió, en mayo hace dos años. Se trata de Ramón de Garciasol. No recibió el homenaje que se merecía. A los ochenta años conservaba la capacidad clara para escribir y superar tanto desaliento, al punto de redactar, entre otros aforismos, este de vocación admirable: “Quien puede leer, ni se anquilosa ni está solo”.

En 1991 había publicado (Editorial Anthropos) su gran obra de meditación y ensayo: Cuadernos de Miguel Alonso –su nombre civil- en dos gruesos volúmenes. Con algo de diario y algo de crónica, recoge una extensa labor de acotaciones entre filosóficas y estéticas sobre el panorama social y cultural de casi medio siglo. Iniciado el quehacer al salir de la reclusión derivada de su presencia activa en la zona republicana –años cuarenta-, trabajó en esas páginas hasta el momento de su edición. Y aun confiaba en proseguir la tarea que juzgaba como una labor indeclinable de propia estimación.

“Nuestros errores, vicios y bondades nacen de la necesidad de ser felices, pero la felicidad es un espejismo que ayuda a caminar. La felicidad es no ser [… ] El infierno es ser”. Garciasol era un escritor de profundo sentido moral.  Sus escritos en prosa se producían en forma de aforismos y apotegmas, como modernamente Nietzsche o, en nuestros días, Wittgenstein o Ciorán. Pero en ese terreno, Garciasol es casi un desconocido: su nombre está más relacionado con la poesía.

Nacido en un pueblecito de la campiña paniega de Guadalajara, dentro de una humilde familia de artesanos, estudió con beca de la Diputación y se licenció en Derecho. “Mi carrera es el único lujo de mi familia”, solía decir, y cantaba con gratitud y amor a su ‘padre obrero’. Su obra poética debe considerarse a la cabeza de la llamada poesía social. Un poema suyo, de 1940 –Quejas a Rubén Darío- marca el cambio de actitud de poeta frente a la poesía, merced a una estimación superior de los valores estéticos. En 1950 –Defensa del hombre- es un título que no solo ampara la esencia y el contenido de toda su obra (inquieta siempre por la dignidad de la persona humana) sino que vale como definidor de toda la corriente poética de los años cincuenta y sesenta, junto a la repetida frase de Gabriel Celaya “La poesía es un arma cargada de futuro” y el conocido verso de Blas de Otero: “Definitivamente, cantaré para el hombre”.

Paralela a la poética social y de denuncia que se expresa en más de veinte libros, Garciasol escribe una lírica de visión tan enamorada como angustiada del paisaje español, que hace recordar a los hombres de 98. Título paradigmático es ‘Poemas de andar España’ (1962), como lo es, intensificando la emoción y el sentimiento hacia la mujer amada, el de 1970 ‘Del amor y del camino’. Andar y camino -¡cómo le gustaría al poeta el título de esta Revista de Las Navas!- se combinan con la palabra amor y con el nombre de España. Dando al verbo andar una función transitiva y poética, las tierras de la vieja Iberia se ofrecen hermosas y plenas de evocaciones bajo la andadura de quien las contempla  y las canta en toda su hondura valorando la tensión humana que, a lo largo de los siglos, las engrandece. La poesía de Garciasol es rica en esos parámetros cuya línea constante es la conciencia de un quehacer ético y estético que, ceñido o no a la preocupación social, es siempre testimonial y comprometido con una circunstancia y una realidad histórica.

Garciasol es el escritor más completo de nuestra generación: la primera de la postguerra. Admirable poeta, magnífico prosista, pensador, biógrafo y estudioso de Cervantes, de Rubén Darío, de Quevedo, de Unamuno… su andar y su camino fueron irrenunciables y sostenidos con vocación y seriedad. Andar hacia la memoria y caminar por su ejemplo debería llevarnos al reconocimiento público y el homenaje póstumo que se deben.

En mayo de 1994 sus cenizas se disolvieron –por deseo suyo- en las aguas del Sorbe, el río de su cuna.

(1)Leopoldo de Luís nació en Córdoba. Premio Nacional de Literatura de 1979 y otros premios. Poeta y ensayista. Esbozo biográfico

Leopoldo de Luis, está considerado como un valioso representante de la poesía de la post-guerra. Poeta y crítico español nacido en Córdoba en 1918, estudió Magisterio en Valladolid. Desde los diecisiete años se radicó en Madrid donde colaboró activamente en las revistas «Garcilaso», «Espadaña», «Cántico», «Ínsula», «Poesía Española» y «Revista de Occidente».

POESÍA: Alba del hijo (1946). Huésped de un tiempo sombrío (1948). Los imposibles pájaros (1949). Elegía en otoño (1952). El árbol y otros poemas (1954). El padre (1954). El extraño (1955). Teatro real (1957, 1975). Juego limpio (1961, 1975). La luz a nuestro lado (1964). Aquella primavera (1967). Con los cinco sentidos (1970). De aquí no se va nadie (1969, 1971). Parte del libro Reformatorio de adultos, que no pudo publicarse entero. Igual que los guantes grises (1979, 1980, 2001). Entre cañones de miro  1981). Una muchacha mueve la cortina (1983). Del temor y de la miseria (1985). La sencillez de las fábulas (1988). Mitos y contraseñas (1988). Plaquette. Reformatorio de adultos (1990). Elegías de Struga (1990). Plaquette en traducción al macedonio; versión original en Aquí se está llamando (1992). Sonetos familiares (1995). Plaquette. Casisonetos de la última tuerca (1996). El viejo llamador (1996). Plaquette. Poesía de postguerra (1997). Plaquette. Generación del 98 (2000). El portaretratos (2000). Plaquette. Elegía con rosas en Bavaria y otros poemas (2000). Poemas últimos (2001). Plaquette.
Cuaderno de San Bernardo (2003). Obra poética (1946-2003) (2003).

ANTOLOGÍAS: Poesía (1946-1974) (1974).Los caminos cortados (1989). En las ruinas del cielo de los dioses (1998).

ENSAYO: La poesía aprendida (1975). Ensayo sobre poetas andaluces del siglo XX (1986). Vida y obra de Vicente Aleixandre (1978). Carmen Conde (1982). Antonio Machado ejemplo y lección (1988).
Aproximaciones a la vida y obra de León Felipe (1984).
Gonzalo Morenas de Tejala, un modernista olvidado (1986).
Poesía social (1965, 2000). Poesía religiosa (1969).

Premios obtenidos. Nacional de las Letras (Ministerio de Educación y Cultura) en 2003 por Al conjunto de su obra. Nacional de las Letras Teresa de Ávila  Ayuntamiento de Ávila en 2002 por Al conjunto de su obra. Paul Beckett de poesía en 2002 por Cuaderno de San Bernardo. Miguel Hernández de poesía; Consellería de Educación de la Comunidad   Valenciana en 1999 por Al conjunto de su obra; León Felipe de Poesía; Fundación León Felipe en 1999,  Atlántida de poesía; Festival Internacional de Poesía de Las Palmas de Gran Canaria en 1999 por Al conjunto de su obra. Pablo Menassa de Lucía. Asociación Pablo Menassa de Lucía en 1999. Villa de Rota de poesía.  Fundación Alcalde. Zoilo Ruiz Mateos en 1983 por Una muchacha mueve la cortina. Villa de Madrid: Francisco de Quevedo de Poesía Ayuntamiento de Madrid en  1980 por Entre cañones me miro  Nacional de Poesía (Ministerio de Educación y Cultura) en 1979 por Igual que guantes grises. Álamo de poesía (Delegación Nacional de Cultura) en 1976 por Otra vez con el ala en los cristales. Ausiàs March de poesía. Ayuntamiento de Gandia en 1968 por De aquí no se va nadie

(*). Ramón de GARCIASOL

Escritor. Poeta.
Humanes (Guadalajara), 1913 - Madrid, 1994.
Medalla de Oro de la Región de Castilla-La Mancha.

 Ramón de Garciasol es el seudónimo con que firmó toda su obra Miguel Alonso Calvo. Está considerado uno de los principales representantes de la poesía social española. Podemos calificarle como ensayista, biógrafo y estudioso de Cervantes, de Rubén Darío, de Quevedo y de Unamuno. Íntimamente interesado en todo lo que se refiere a la cultura española. Sin embargo, ha quedado universalmente reconocido como poeta, habiendo sido traducida su obra a numerosos idiomas. Figura en todas las antologías de la poesía española del siglo XX.

Hijo de un zapatero de pueblo, hizo sus estudios gracias a becas que se concedían en España a los buenos estudiantes sin recursos. Vivió la Guadalajara del primer tercio del siglo XX, y en ella, especialmente en los años de la República y la Guerra , participó en la vida cultural, en cualquier caso empapada de influencias políticas. Muy amigo de Buero Vallejo, ambos participaron con poemas y dibujos en la revista del Instituto “El bachiller arriacense”. Participó en las actividades del Ateneo Instructivo del Obrero. Tras la guerra, se licenció en Derecho, aunque nunca quiso ejercer como abogado, por considerar injustas las leyes que debería aplicar bajo el régimen de Franco. Trabajó en la Editorial Espasa-Calpe durante muchos años, y siempre estudió, leyó y escribió aunque con el control de una censura que no dejaba de analizar sus escritos con detenimiento. Vio publicadas muchas de sus obras, y en 1991 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha editó los Cuadernos de Miguel Alonso, una especie de memorias generales y autobiografía, con lo cual nuestro autor se liberó de aquella pesadumbre que en el fondo siempre reconoció que le era su seudónimo. Un año antes, en 1990, la Junta de Comunidades de la Región donde nació le distinguió con la Medalla de Oro de la Región. Mucho se ha escrito, y aún más se ha de escribir, sobre este gran intelectual español, habiendo sido definido por críticos y estudiosos de su obra como “poeta de la fraternidad, de la solidaridad…” o con el término que un reportaje de la Revista Anthropos le aplicaba “… de la otredad”, por haberse ocupado en sus escritos del prójimo, de la justicia, de la libertad, d ela cultura y de todo aquello que procura la felicidad de los humanos. Él mismo decía, en una entrevista de Blanco, Esteban y G. Calero en la Revista “Añil”, poco antes de morir, que había llegado a una conclusión (siempre provisional) de que “sólo mediante la cultura, mediante el diálogo, se podrá llegar a alcanzar algún día la fraternidad, la solidaridad”.

Su obra publicada es grande, y hoy difícil de encontrar, por haber tenido tiradas cortas. En Poesía, destacamos “Agradecimiento”, Madrid, 1951; “Defensa del hombre”, Madrid, 1955; “La madre”, Madrid 1958; “Sangre de par en par”, Madrid, 1960; “Poemas de andar España”, Madrid, 1962; “Correo para la muerte”, Madrid, 1962 y 1963; “Fuente serena”, Madrid, 1965; “Antología Provisional”. Madrid, 1967 y 1968; “Del amor y del camino”, Madrid, 1970; “Las horas del amor y otras horas”, Madrid, 1976; “Memoria amarga de la paz de España”, Bilbao, 1978; “Segunda Selección de mis poemas”, Madrid, 1980; y “Recado de El Escorial”, Madrid, 1982. En el apartado de Ensayo, son numerosos sus estudios sobre autores españoles, y cultura hispánica. Uno de ellos es la destacable “Lección de Rubén Darío”, Madrid, 1961 (Premio Enrique Ureña, 1955 y Premio Fastenrath, 1962). Pero para nosotros lo mejor de Ramón de Garciasol ha sido su “Meditación del Quijote”, un libro inmenso y profundo, un libro propio de un sabio, de un intelectual profundo, de un hombre recto.

 

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Rubor

Rubor por José María Amigo Zamorano, Las Navas del Marques, Septiembre de 1995

Es estremecimiento y denuncia y no tiene el mas mínimo poder para imponer su ley, ajena a la marcha que otros le dictan.

Va a remolque, incluso frenando, cuando es posible hacerlo.

No sabe si esa es la expresión justa, quizás si; pero su voluntad no es frenar el vehículo sino mandarlo al precipicio; para ser mas preciso: enviarlo a la mierda que es donde debería estar.

Está atado a la madera corrompida, como la herrumbre al clavo y no puede liberarse a si mismo, aunque lo intenta, sin irse él al basurero y traicionar su esencia: al que le huele en el culo lo tiene.

Tampoco esa es la explicación cabal… Es su servidumbre y … su grandeza. Es demasiado grande decir grandeza, valga la redundancia. Redundar suena a abundancia. Abundancia no es la palabra adecuada pues es mas pobre que las ratas.

Se perdería el contraste que produce, en el paredón, el rebelde y el pelotón de ejecución; o dicho de manera pedante: la mierda y la escatología que la estudia, disecciona, vive de ella y por lo tanto la oculta justificándola.

Justificar no es palabra que concuerde con la mierda. La mierda no necesita justificación es una entelequia … relativa, pues, por lo general, huele.

No existe como tal singularidad. Ya lo decía Goethe “la teoría es gris y el árbol de la vida es verde y mucho mas rico”; así de la mierda: la escatología la define marrón pero la torre de canela de la vida es mucho mas variopinta.

Vivimos tiempos plurales; nos alimentamos de pluralidad; de manera que la escatología no puede reducir de manera escolástica las heces a un solo excremento.

Tal vez puede hablarse de la defecación a la variopinto zurullo que, según el alimento engullido o el individuo que lo produce, se expulsa por el antifonario; es decir: se defeca.

Se evacua, la expulsan, los individuos singulares: por eso es plural.

Pero no vamos a dejarnos embaucar, a saber: no es lo mismo, caca, suciedad, porquería, asquerosidad, guarrería, basura, que chorizo, zurrete, excremento, o truño; ni cagada, cagajón, cagalita, cagarruta; o meconio, zurullo, alhorre, deyección, defecación, boñiga, sirle; inmundicia, deposición, bosta, mugre, cochambre, fiemo, estiércol, desperdicios, despojos, sobras, restos, escombros, escoria, roña, sirria…

No, no es lo mismo.

Ni tampoco Somalia o Alemania, son el vino o el mal.

En conclusión:

es excremento porque es estremecimiento, denuncia y reflexión;

reflexión que debe ser reflexiva y recíprocamente impecable:

el dos en uno que es la suma porquería:  la divinidad creadora;

¡ah, Dios mío! basta ya de mierdas que huelen que apestan.

 

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Wednesday, April 25, 2007

Ante el cadáver

Jardines plantados

donde yo nací,

la que fue mi madre

en vosotros vi.

 

Las flores hermosas

cuando ella cayó

de rubor se abrieron

por su muerte atroz.

 

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Monday, April 23, 2007

La tímida interina (relato erótico)

1º Gozo

Rosario, con dieciocho años, aún no estaba segura de como había venido al mundo. Y como quién se ve acorralada por las sombras e inquieta manotea hasta intentar horadarla, abrirles una brecha, pequeña aunque sea, así intentaba hallar una luz la joven y tímida moza. Las amigas se lo habían dicho, pero en su cabeza no cabía (nunca mejor dicho) que hubiera emergido al mundo por ese diminuto y rosado agujero.

Se lo había mirado varias veces:

–”Nada, que no; que por ahí no puede ser: ¡Imposible!”, exclamaba siempre.

Ellas se reían diciéndole:

– Que si, mujer; no seas inocente; anda, vuélvete a mirar el coñito.

Esta vez se miró la vagina en un espejo que reflejó una forma piraguada y rosada en agua negra; con mascarón de proa dirigiendo el rumbo en ese oscuro y proceloso mar. Separó las manos como para abarcar el volumen de un recién nacido y las fue acercando a su órgano genital para comparar medidas y ajustar volúmenes; después metió el dedo en el conducto vaginal, que entró a duras penas no sin cierto dolor; al sacarlo se lo quedó mirando con  gesto dubitativo, y suma incredulidad.

No les volvió a comentar nada en absoluto, para que les condujera a la conclusión de que, por fin, había aceptada su vulgar e increíble explicación, ante el temor de sufrir las bromas de todas ellas. Bromas crueles que empujaban las valvas de su tímida actitud a cerrarse aún más, ante esa vida de relación interpersonal que la mortificaba.

No lo entendió, o lo entendió a medias.

2º Alborozo

Era hija única; pequeña de estatura; cara redonda; mirada a veces miedosa, a veces huidiza, sobre todo ante unos ojos masculinos que la miraran descarados; ojos castaños; pómulos ligeramente salientes; tez morena y pelo lacio; su padre que trabajaba de albañil y su madre que fregaba escaleras todos los días por las tardes, habían venido de un pueblo, recién casados, a trabajar a la ciudad; los primeros años fueron muy duros, hasta que pagaron todas las letras del piso; luego comenzaron a ahorrar algunos durillos; durillos que se incrementaban, todos los años, con el dinero del arriendo de las tierras del pueblo; poco era, pero ayudaba; esto les permitió pagar los estudios de la única hija; “ya que nosotros no hemos podido estudiar, que lo haga ella”, se dijeron.

Llegaban cansados a casa, pues a nadie dan el pan por dormir, y no tenían tiempo para hablar casi ni entre ellos, cuanto más con la “niña”; niña que, inadvertidamente, había ido modelando su cuerpo, hasta adquirir curvas propias de zagala; de manera que hablaban poco; con lo necesario bastaba.

“Rosarito tienes que estudiar mucho, para ser una mujer de provecho”, era la frase favorita y casi única de sus padres; así, la hija, fue creciendo en una atmósfera, agradable, cordial, pero silenciosa; sus inquietudes, sus interrogaciones, se las tenía que contestar ella misma; y si avanzaba, lo hacía con verdadero esfuerzo; los escollos alzaban por doquier su barricada inexpugnable, indiferentes a la mirada del viajero que impotente se detenía ante ellos..

De las “cosas de la vida”, ¡ah, las cosas de la vida!, no tuvo oportunidad de intercambiar ideas con los seres más queridos y allegados: los padres; y, por desgracia, hermanos que le iluminaran el camino, no había querido, Alá El Misericordioso, darle alguno.

3º Alegría

Los estudios entreabrieron muchos mundos de insospechada existencia, entre ellos el del sexo; era un entreabrir envuelto en una nebulosa que lo dejaba difuminado; costándole muchísimo esfuerzo descifrar los dibujos grises que ilustraban explicaciones abstrusas, frías; trasladarlos, trasvasarlos, superponerlos y encajarlos a un cuerpo y carne cálidos en los que ella moraba inquieta, angustiada, era labor ingente; cuerpo y carne que era ciertamente difícil sacar de las hojas de los libros donde, obviamente, no está la vida; o si lo está, es una pálida imagen, congelada, muerta, disecada y aplastada; sin el volumen material que puede tocarse; y mas, teniendo en cuenta, que a veces, muchas veces, eran simples esquemas; en una palabra: rayajos o burragatos como lo definen los niños.

Años después, estudiando para maestra, cuando su cabeza había asimilado teóricamente su origen primigenio, en un debate impulsado, dirigido y encauzado por la profesora de Pedagogía, declaró sinceramente, con brutal y descarnada inocencia lo tardío del descubrimiento aquel que tanto le angustió; y de las perplejidades que conllevaba la asunción de esas ideas, cuya realidad tangible se le escapaba; lo que la situaba en una irresoluble contradicción, pensaba ella, entre idea y materia; algunos compañeros y compañeras se burlaron de ella, empero la profesora tuvo la suficiente sensibilidad para amonestarlos severamente; y cortó el debate que intuyó se le podía marchar de entre las manos como pez, con las consecuencias lógicamente negativas para su carrera, si llegaba a oídos de la dirección del centro; se lo agradeció sobremanera, pero jamás volvió a suscitar el tema a pesar de las dudas que le quedaron flotando como peces muertos.

4º Deleite

Rosario llevaba algunos meses trabajando de maestra interina en un pueblo, cuando nombraron, por enero, a otro maestro, para clases de alfabetización; era un joven simpático, delgado, alto, de pelo ligeramente rubio y piel fina y pálida, al que veía poco; comían y cenaban juntos, no siempre; después de cenar, ella se encerraba en su habitación, situada en el piso de arriba, estudiando oposiciones para sacar la plaza en propiedad; él se marchaba, al bar, con los mozos del pueblo; retornaba ya de madrugada; dormía en una cama que colocó la patrona en un ensanche del pasillo muy cerca de la puerta de su habitación; ella, para salir o entrar, tenía que pasar junto a su cama; cama que no estaba separada del pasillo, ni por celosías, ni mamparas, ni biombos, ni cortinas … y que, durante los meses de invierno, debía hacer bastante frío sin la protección de paredes; como se acostaba tarde, le oía llegar, acostarse, respirar, roncar, … la pared que les separada estaba construida de rasilla, delgadísima; a veces, por la noche, intercambiaban algunas frases de saludo; y sin querer, aunque sus relaciones, al principio, no pasaron de la simple cordialidad, llegaron a tener cierta amistad y confianza, que se traducía en bromas inocentes alterando gozosamente su rutina.

Ya bien entrada la primavera, un sábado por la noche, regresó él joven maestro de la capital de la provincia, a la que había acudido por la tarde a ver el estreno de una película; y como otras veces la saludó al llegar, al ver la luz encendida de la habitación; como Rosarito mostrara interés por la película, se la fue contando, paso a paso, teniendo la prudencia de preguntarle, de vez en cuando, si quería seguir escuchando el relato o bien dormirse; se dio perfecta cuenta que su compañera no se estaba comportando de manera habitual; era más receptiva; más abierta; y le pedía que detallara esta u otra escena, a cual más erótica, cuasi pornográfica, ajena por completo a la pudibundez que emanaba; ante su insistencia en que continuara, lo hizo primero, con una cierta timidez; timidez que pasó en poco tiempo, al regodeo descarado, recreándose en escenas pornográficas que se iba inventando al hilo del relato, algo así como si se hubiera decidido a magrearla, a sobarla con ánimo de provocarle una incontrolada excitación sexual, cuyo fin no sería otro que llevarla al huerto, como se dice coloquialmente, al tiempo que se excitaba contándoselas.

De súbito le espetó sorprendiéndola:

– Rosario, ¿no me digas que esto no te excita?

La negativa de la maestra interina, de la tímida Rosarito, fue clara, pero poco convincente; luego, la confianza y la amistad se confabularon con la intimidad de la noche, para que la verdad se impusiera por encima de timideces o hipocresías que no conducían a nada; y terminara afirmando, como afirmó, que efectivamente se hallaba bastante excitada, “caliente” fue la palabra que utilizó para ser mas exactos y no pecar de subjetividades:

–Voy a pasar a tu cama. Yo si que tengo la picha emporrada, dura y caliente como hierro al rojo, dijo sin poderse contener.

–¡No, por favor, no pases! Si lo haces, gritaré. Te lo pido de rodillas y por lo que mas quieras: por favor, no pases.

Ignorando las protestas verbales, penetró en su habitación, sin hacer el menor ruido que hiciera sospechar a la patrona algo de lo que después podría arrepentirse; levantó las sábanas y se acostó junto a ella, quien prudentemente, apagó la luz; ocultando así su intimidad a posibles miradas que bien pudieran poner en entredicho su honra por el pueblo; cruzó sus brazos para ocultar sus pechos y apretó sus piernas, aprestándose a una resistencia cordial, sin alharacas, ni aspavientos; que no les convenía a ninguno de los dos dar un escándalo, a no ser que se pusiera, claro está,  muy pesado y agresivo.

El joven maestro, no logró derruir sus murallas, ni derribar celosías, biombos, mamparas o puertas, ni menos introducir su infantería y romper los cerrojos; y eso que puso todo el empeño posible y todo el arte aprendido en las películas; su experiencia amorosa, en la vida real, no era mucha; poco a poco el deseo se le fue retirando como las mulas al establo; tuvo que volver a su cama, como un perro derrotado y con el rabo entre las piernas, eso si, con un cierto dolor en sus testículos. Y su orgullo varonil, malherido y arrastrado. Mas tarde pensó si no estaría ella enferma aquella noche, pues a veces, cuando la acariciaba o la besaba, se le ponía la carne de gallina.

5º Arregosto

Sin embargo, y aunque él no lo sabía, aquella noche, cambió mucho a la maestra interina. Sus esquemas cobraron todo el valor carnal que los rayajos le habían escondido. Su carne  hizo la luz en su cerebro como atravesado por un prisma. Y explotó saliendo todos los colores del espectro solar.

Nada mas retirarse él a su cama, viéndose sola y libre de ataduras varoniles, de miradas extrañas, bajó la guardia, guardia inútil, ya que no obedecía a necesidad alguna;  derrumbó su resistencia heroica; su baluarte quedó desarbolado; circundó su cabeza una arcoirisada crestería,  pájaros cantores embriagaron sus oídos, mientras millones de mariposas acariciaban su cuerpo.

Se ofreció al universo. Comulgó con el cosmos. Desnudó su  inocencia  al sol primaveral. Y abrió, poco a poco, sus pétalos de rosa:

6º Orgasmo

Separó sus brazos cruzados. Paseó los dedos de las manos por los pechos tersos y finísimos. Sus pezones se elevaron puntiagudos como palos mayores de la nave. Se bajó las bragas, suavemente, como quien quita lastre inútil que estorba el navegar. Cerró y abrió sus piernas en actitud de ofrenda a las estrellas. Estiró todo su cuerpo, al tiempo que tocaba con las manos, la parte interna de sus acantilados muslos, subiéndolas hasta la rosada superficie de su piragua. Rozó sus partes; los costados de la nave, humedecidos, latían sin control; se movió a derecha e izquierda, sin saber como ponerse para que el remolino del mar, no la llevara hasta el fondo del abismo; acarició, retorció, aplastó, una y otra vez, el mascarón de proa clitoriano que dirigía la nave a la deriva; volvió a acariciarse los costados navales, labios vaginales azotados por las olas; intentó taponar la nave con un dedo para que no se fuera a lo hondo; y el agujero resultó demasiado ancho y de nada le sirvió; abrió y cerró otra vez sus piernas, donde Caribdis y Escila, protegían la nave de las inclemencias del tiempo, como acantilados protectores. Por fin metió la mano en su nave vaginal, que había aumentado de tamaño, repitiendo el mismo movimiento de ofrenda con sus acantiladas piernas; las paredes vaginales parecían tener ventosas como pulpos y se adherían a su mano.

El mundo le daba vueltas; los ojos le daban vueltas; todo le daba vueltas.

Y los pájaros le picaban y las mariposas querían comerla.

Y se retorció en espasmos.

Gritó, gimió, lloró…

Agotada del esfuerzo entregó su alma a Morfeo, pensando:

–”¡Qué hermoso joven y además ya propietario”!.

– “¡Pobre Rosario!”, pensaría, para él, el joven maestro si la oyera.

– “La tengo dominada”, concluiría, un poco sorprendido del cambio milagroso.

Aquella noche, cambió mucho, la maestra interina.

Rosario vio por primera vez la luz, abandonando, para siempre, la oscuridad de sus dieciocho años. Rosario se adueñó de los colores que contiene la luz blanca.

El joven alfabetizador se vanaglorió, ante los mozos del pueblo, diciendo:

– “La tengo dominada.  Lo que le pida. Hago, con ella, lo que quiero”. Pero eso… eso es otro cantar; y falta, naturalmente, la timbrada voz de Rosarito.

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Mis ojos de duna

“porque soy espejismo que solo existe por el otro”

Abdelaziz Mansuri

–arena y mas arena sobre mis ojos de duna…

–pero no tengo hacha para cortar la dirección del viento…

–solo me queda llorar hasta quedarse ciego…

 –para que, lentamente, la palabra se vaya apagando en mi cuerpo…

–minado ya por el lento termitero del espejo…

–cuya exhalación vertiginosa…

–niega la hendidura de mi cauce silvestre…

–ahora hecho hosco disfraz de soledades…

–sin estrella sin manantial y sin oriente…

–por unas manos de sociedad anónima…

–que se alzan y golpean alejando las sombras…

–vivificadoras de mis muertos

 

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Sunday, April 22, 2007

Germán Mora Ayala: Mestizaje y discriminación racial en Colombia

MESTIZAJE Y DISCRIMINACIÓN RACIAL EN COLOMBIA Por Germán Mora Ayala Es paradójico que el continente, con la mezcla étnica mayor del mundo, padezca de segregación racial. Desde la independencia, América Latina ha creado un orden y una escala jerárquica en la cual los grupos menos favorecidos han sido los negros y los indígenas.

A través del caso colombiano, que vamos a tomar por referencia en estas líneas que siguen, queremos llamar la atención de la segregación racial a que se han visto sometidas ambas minorías.

Colombia, como muchos países de América Latina, está orgullosa de sus orígenes mestizos. Y en torno al ‘mestizaje’ ha construido una identidad y una nacionalidad.

Pero el término guarda mucha ambigüedad, aunque parezca  vocablo integrador en el cual las diferentes minorías encuentran un espacio común para compartir su acervo cultural. Y, aunque la palabra nos haga pensar en el crisol de razas y en la convivencia de diferentes grupos étnicos que existen a lo largo y ancho de Colombia, nada hay más lejano a la realidad tangible y pragmática.

Mestizaje’ es término político populista que ha sido usado por las élites del poder en Colombia, Venezuela y Méjico para mantener el statu quo. Acapara una imagen nacional y social de colectividad en la que se integran  tradiciones y valores de dos culturas: la española, europea y blanca; y la indígena, oriunda y de pigmentación cobriza.

Pero en realidad se trata de una imagen de conveniencia política que pretende dos operaciones: una, interior, que sirve como bálsamo para aplacar necesidades y exigencias de las minorías étnicas en Colombia; la otra, exterior; en ella, las élites, que detentan el poder, pretenden presentar al mundo un país en el que las diferentes razas y minorías étnicas conviven sin ningún problema o prejuicio racial.

Según el sociólogo y antropólogo americano Peter Wade, el proceso de mestizaje en Colombia, al contrario de lo que se da por hecho, no significa integración e incorporación de los valores y costumbres de las diferentes culturas que pueblan el país. En su libro “Blacknees and Race Mixture”, con una mirada aguda, penetrante, - sustentada (todo hay que decirlo) en investigaciones históricas, de archivo y de trabajo de campo- nos demuestra que, el ‘mestizaje’, en vez de integrar  diversas sociedades y razas que habitan Colombia, lo que hace es equiparar o nivelar los valores mestizos a los de la raza blanca; si se nos permite la traducción literal del término empleado por Wade: lo que hace la ideología mestiza es blanquearse. Nuestro hombre se mueve entre conceptos y métodos pertenecientes a la escuela multiculturalista norteamericana, sirviéndose de esas herramientas teóricas conjugadas con una labor empírica, llevada a cabo entre poblaciones de negros que habitan zonas rurales y medios urbanos, muestra que el discurso mestizo en Colombia ha confinado a indígenas y negros. Para él antropólogo yanqui el mestizo se ha apropiado del discurso de nacionalidad e identidad colombianos.

Este proceso de apropiación de la identidad nacional tiene raíces históricas, por eso Wade hizo una investigación de etnohistoria que incluyó,  en su recuento,  el trabajo minucioso del archivo histórico. Guiado por los métodos Michel Foucault (como gran parte de los investigadores del multiculturalismo) se encontró con documentos ante los que los historiadores colombianos hicieron la vista gorda. En estos documentos descubrió que, durante la época de la colonia, una población numerosa de mestizos compró el certificado de Raza Blanca. Era una manera de legitimarse adquiriendo abolengo y posición. Hecho que ha sido corroborado por Eduardo Galeano a lo largo de su obra; lo cita en “Memoria del fuego” y entrevistas que ha concedido a la prensa.

Aunque Galeano, en su manera de escribir y pensar, aplique las imágenes y las teorías de la narrativa; y Wade, como antropólogo e investigador, use los conceptos y métodos de las ciencias sociales; ambos se han encontrado con la misma piedra, que ha sido un obstáculo impuesto por una ideología mestiza que sofocó a las voces indígenas y africanas para apropiarse el discurso de construcción nacional.

El discurso mestizo, que integró los valores de la raza blanca, se inició ya durante la época colonial pero alcanzó su mayor proyección social e ideológica tras el triunfo de la revolución mejicana. Su mayor ideólogo fue José de Vasconcelos; en su libro “La raza cósmica” daba al mestizo, descendiente de españoles e indios, el valor de la raza universal que llevaba en su sangre lo mejor del europeo sumado a la fortaleza y resistencia física del indígena americano. Se podría decir que la euforia conceptual de Vasconcelos, al encontrar el término de raza cósmica, le alejó del rigor histórico y social para llevarlo a una visión utópica donde el mestizo latinoamericano parecía un superhombre.

El triunfo de la revolución mejicana, la difusión de las ideas de Vasconcelos, permitieron la aceptación de la cultura y las tradiciones indígenas a lo largo y ancho de América Latina. Como respuesta a esa apertura de ideas y esperanzas que supuso la revolución en su momento, surgió el ‘indigenismo’ en la novela y el ensayo. Fue necesario en el instante en que se necesitaba solidificar las bases de la construcción de una nacionalidad y una idiosincrasia que aglutinase los elementos dispersos de diferentes sociedades y razas que pueblan América Latina. Es lo que Gilles Deleuse denominó, con tanta lucidez, la “invención de un pueblo”.

Novelistas como Fernando Alegría en Perú, Jorge Icaza en Ecuador y Alcides Arguedas en Bolivia, de la misma manera que el ensayista Mariátegui en el Perú incorporarán el indigenismo dentro de su obra para construir su identidad nacional. En ese momento de transición político social del continente iberoamericano se necesitaba una ideología que unificase etnias y culturas que habían estado marginadas de la vida nacional. Al reivindicar el mundo aborigen se entona un mea culpa, porque la historia recordaba a los intelectuales que el indio desde la conquista lo único que había recibido era la extinción y la masacre. Y esta memoria de extinción y mea culpa llevó a la teoría indigenista por caminos del victimismo.

Si bien es cierto que, a partir de la revolución mejicana y la difusión de las ideas de Vasconcelos, la cultura indígena cobró protagonismo dentro del proceso histórico americano y comenzó a recibir atención por parte de los gobiernos, no fue suficiente; pues el discurso del indio pasa por una criba que lo adaptó a las necesidades de la ideología mayoritaria ejercida por el poder económico y social del blanco y mestizo descendientes de europeos.

No hay que ocultar tampoco que se crearon instituciones que apoyaron económicamente al indio: institutos de Antropología para preservar y difundir su cultura;  se comenzaron a realizar trabajos de campo por antropólogos bien formados; y se inició la publicación de estudios rigurosos sobre la sociedad y la historia indígenas. Pero, ésta labor de recuperación,  aunque estuvo llena de buena intenciones, en el plano pragmático, no llegó a cuajar en los dos aspectos más necesarios: proporcionar unas condiciones materiales de vida dignas; y concienciar a la masa mayoritaria de mestizos para que aceptaran al indio sin prejuicios.

En Colombia, la aceptación de los valores y tradiciones indígenas, llegaron tarde, porque desde el principio el principio del nacimiento de la joven nación, el mestizo protagonizó la idea de colectividad.

Si los indígenas tuvieron que ver pasar más de tres siglos para que se aceptase su idiosincrasia, los negros lo tuvieron todavía peor. Dice Wade que ni en los textos de historia colombiana, ni en el imaginario colectivo de sus habitantes existe el negro. Sucede algo parecido a lo que cuenta el novelista afronorteamericano, Ralph Ellison, en su novela “El hombre invisible”: el personaje, que es un negro, se siente invisible pues nadie le quiere mirar; y si acaso le mira alguien por la calle le ignora o aparta la vista borrándolo de su imaginación como si fuera un accidente visual.

A partir de 1940 se comenzó a aceptar y valorar al indígena como una de las culturas que conformaron la nación colombiana. Prueba de ello fue la creación del Instituto Indígena. El negro, en cambio, tuvo que espera hasta la década de los sesenta para empezar a ser reconocido. Hasta antes de esos años no existía en los estudios teóricos y mucho menos en la conciencia colectiva e histórica que estaba protagonizada por el mestizo quien,  junto con el blanco de origen europeo, creó un baremo social y una estructura jerárquica de castas donde el negro era lo más ínfimo, aún por debajo del indio.

Un ejemplo de ello es que, a pesar de ser Colombia un crisol de razas y de poseer tres estupendas facultades de Antropología, los etnólogos e investigadores han ignorado a las grandes masas de negros que habitan las costas del Atlántico y del Pacífico, así como en núcleos urbanos radicados en Medellín, Barranquilla y Cartagena de Indias. La prueba la dio el pionero de estudios raciales y afroamericanos en Colombia, Nina Friedman, proporcionando una cifra espeluznante del favoritismo que acaparan los estudios sobre ‘mestizaje’ o sobre indígenas: de 270 antropólogos que se graduaron a lo largo de 10 años,  solamente 5 de ellos dedicaron su estudio a culturas y tradiciones afroamericanas.

Durante los años sesenta, Nina Friedman y el escritor afroamericano, Manuel Zapata Olivella, iniciaron una noble tarea de reivindicación de la cultura negra: Nina Friedman, con sus rigurosos trabajos de campo; y Zapata Olivella, a través de sus novelas, como de sus trabajos recopilatorios del folklore, danzas, mitos y costumbres.

Colombia ha tardado en digerir y aceptar la cultura negra. Y tuvieron que ser la influencia de la revolución cubana y la independencia de las últimas colonias de Francia e Inglaterra en África, los dos acontecimientos políticos que despertaron la conciencia de sus artistas, escritores e intelectuales. A estos dos hechos se sumó otro: el surgimiento de una teoría de la liberación y una filosofía de la resistencia encabezada por Franz Fanon, pensador afroamericano nacido en Martinica, que con su importantísimo libro “Los condenados de la tierra”, influyó a los sociólogos, filósofos e intelectuales del tercer mundo.

Tanto Friedman, como Zapata Olivella comenzaron a gestar su obra bajo la atmósfera creada por las ideas de Fanon; fue tal la importancia de sus análisis y conceptos sobre la colonización política y cultural que, hasta Jean Paul Sartre, participó en este debate, para alabar la calidad e importancia de la filosofía de Fanon.

En los últimos años en Colombia se han comenzado a realizar trabajos de campo e investigaciones profundas sobre los afrocolombianos, como el magistral libro de Orlando Fals Borda sobre la etnohistoria del Caribe colombiano titulado “Historia doble de la costa: de Mompox y Loba”; empero este tipo de estudios se comenzaron a hacer demasiado tarde en comparación a Brasil, Cuba y algunos países del Caribe. Por ejemplo en 1931 en Brasil se publicó un hermoso y riguroso libro sobre los negros “Casa grande y sensata”, escrito por uno de los sociólogos y ensayistas más importantes que ha dado América Latina, Gilberto Freyre.

En Cuba, Alejo Carpentier, entre 1930 y 1940, realizó una importantísima investigación sobre la influencia africana en el Caribe. El fruto de su arduo y solitario trabajo  dio como resultado dos novelas y un hermoso libro sobre el folclore cubano. La novela “El reino de este mundo” el ensayo teórico sobre el folclore “La música en Cuba” reivindicaban el papel del negro como uno de los protagonistas de la Historia de América Latina. En “El reino de este mundo” narraba el papel de los africanos en la independencia del continente, y en “La música en Cuba” hablaba de su importancia fundamental en la creación de la música y el folclore cubanos.

Los libros de Friedman, Zapata Olivella y Fals Borda son como un oasis en medio del desierto creado por la ideología mestiza;  ideología que, como sus dunas y planicies de arena, ha sepultado las voces negras e indígenas de Colombia para apropiarse del discurso y la construcción de la nación colombiana. En Colombia, Venezuela y otros países del continente americano el negro ha representado  un papel fundamental en la conformación del carácter y la cultura patria y en la lucha de resistencia contra el colonialismo español; pero también en la comida y en la música; el gusto por el baile ha sido legado que dejó África; y más allá de estas dos últimas características –burdos estereotipos con que se suele definir al africano, como si sólo sirviera para hacer música y danza- puede que la raza negra haya sido la que más trabajó durante le época colonial. Entonces el imperio español prefería tener al indígena como tributario y al negro como mano de obra en las minas y en las plantaciones, ya que de las tres razas que formaron Colombia era la que más riqueza producía gracias a su trabajo.

Igualmente representó  un importantísimo papel en la lucha por la independencia colombiana. Hay que recordar que en Colombia, como en Brasil y en muchos países del Caribe los primeros brotes de la independencia fueron protagonizados por los afroamericanos que se fugaban de las plantaciones y las minas para crear comunas independientes en las zonas selváticas, en Brasil a estas comunas se les llamaba ‘quilombos’ y en Colombiapalenques’.

El discurso mestizo ha sepultado al negro, le ha usurpado su importantísimo papel en las etapas de la historia de Colombia: por ejemplo, la independencia, por un golpe de varita mágica de los historiadores, ha sido acreditada a los descendientes de europeos y mestizos, cuando en realidad el famoso 20 de julio de 1810 fue aprovechado por los criollos para proclamar la independencia en un momento en que España estaba invadida y sometida por las tropas de Napoleón.

Colombia debe reconciliarse con su parte africana;  la labor ha comenzado tarde; pero ha comenzado gracias a Friedman, Zapata Olivella, Fals Borda y últimamente al británico Peter Wade, que con su brillante libro ha incorporado las investigaciones precedentes aparte de ofrecer nuevas hipótesis, se ha logrado dar un paso muy importante para mirar ese abismo de sombra donde se ha confinado al negro. Puede que gracias a estos autores y sus investigaciones, la historiografía como la cultura oficial colombiana levanten la manta que le han tendido a la herencia africana.

La aceptación de la importancia del negro en la construcción de Colombia es la asignatura pendiente de la historia; y no bastan las buenas intenciones como se hizo recientemente en la redacción de la nueva constitución de Colombia donde se reconocen los derechos de la minoría afrocolombiana, sino que se trata de construir una nueva historiografía en la que exista una nueva conciencia que permita cerrar las heridas de un país que vive en guerra civil perpetua, porque no ha sabido conciliar las diferencias entre hermanos que comparten un mismo espacio social, geográfico e histórico.

Bibliografía general:

Alejo Carpentier: “El reino de este mundo”. Editorial Bruguera, Barcelona, 1978; Alejo Carpentier:”La música en Cuba”. Editorial Fondo de Cultura Económica, Méjico DF, 1981; Gilles Deleuse: “Critique et Clinique”. Editions Minuit, 1999, París; Raph Ellison: “El hombre invisible”. Editorial Lumen, 1984. 2ª edición. Barcelona; Orlando Fals Borda: “Historia doble de la costa: De Mompox y Loba”. Carlos Valencia Editores, 1985. Bogotá DE. Colombia; Frantz Fanon: “Los condenados de la tierra”. Editorial Txalaparta. Nafarroa Navarra. 1ª edición 1999; Gilberto Freyre: “Casa grande y Sensata”. Editorial Ayacucho. Caracas, Venezuela, 1986; Eduardo Galeano: “Memoria del Fuego”. Libro 1º Los nacimientos (1982). Libro 2º Las caras y las máscaras (1984). Libro 3º El siglo del viento. Siglo XXI Editores, Madrid; Peter Wade: “Blanquees and RACE Mixture: The Dynamics of Racial identity in Colombia”. The John Hopking University; Manuel Zapata Olivella: “Chambacú corral de negros”. Editorial Bedout. 1976. Bogotá DE. Colombia; Manuel Zapata Olivella: “Changó el gran putas”. Editorial Oveja Negra, 1984. Bogotá DE. Colombia.


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La prensa djudeo-espanyola en muestro dia

 

Por Moshe Shaul

Director de la revista Aki Yerushalayim

El periodismo judeo-español jugó un papel importante en la vida social y cultural de las comunidades sefardís del Oriente durante más de un siglo. El primer periódico judeo-español ‘ La Buena Esperanza ’ publicado en Izmir (Turquía) en 1873 fue pionero del periodismo, no solo sefardí sino en todo el Imperio Otomano de entonces. Los temas tratados en los diversos periódicos y revistas eran de actualidad, vida comunitaria, economía, cultura… y satíricos que eran muy populares. En esta prensa tuvo lugar la ‘guerra de lenguas’, en que la victoria fue de la lengua judeo-espsñola frente al turco y francés (lengua de la cultura por aquellos tiempos); caso de el Meserret y Le Noveliste, en turco y judeo-español el primero y francés el segundo que ‘pasaron después a ser publicados en djudeo-espanyol solamente’ según el autor.

La prense judeo-española se distinguió por su lucha en defensa de las comunidades sefardís.

Después de la I guerra Mundial, el periodismo judeo-español jugó un papel muy importante, tanto en las comunidades del Imperio Otomano, como en las nuevas que se crearon en los EE.UU., -donde revistas como La Amérika y la Vara ya existían- por emigración de miles de judíos de Turquía y de los Balcanes. Hemos tenido que resumir el comienzo por falta de espacio.

De la otra parte, las comunidades sefardís ke continuan ainda a ser aktivas, ya no son mas las konumidades de anyos atrás, firmemente atadas a la lengua djudeo-espanyola i su cultura, lo ke les permitio de conservarlas durante siglos malgrado ke bivian en paizes kon lenguas i culturas diferentes. En estas comunidades ya ay agora dos otre jenerasiones ke estudiaron en estolas publikas en la lengua del paiz, i en estolas privadas –en fransez, alman o inglez. Si ay miembros de estas jenerasiones ke konosen el djudeo-espanyol, es solo por averlo oyido avlar por su padre i madre o otros miembros de su famiya, kon djente de las presedentes jenerasiones.

Komo konsekuensa de esta evolución, era natural ke menguara kada anyo mas el numero de los ke avlan el djudeo-español i ke pueden beldar jurnales en esta lengua –i esto yevo a la cerradura de los jurnales en djudeo-espanyol uno después de otro.

Este es un proseso ke se esta continuando desde largo tiempo ke ya son anyos ke los expertos preveen al desaparición, después de una jenerasion o dos, del djudeo-espanyol i de su cultura. Ma el fakto es ke esta lengua tieen mucho mas vitalidad de lo ke se pensa i malgrado todas las previziones, ella continua ainda a ser avlada. En kuanto a la prensa djudeo-espanyola, ella tambien esta luchando opinyatramente i esta logrando rezultados sorprendientes. En Irreal la revista Aki Yerushalayim, ke empeso a ser publicada en 1979 por el Edipo de la Emision Djudeo-espanyol de Kon Israel i es el uniko periodiko publicado enteramente en djudeo-espanyol, en muestros dias, ya se gano un gran prestijio no solo al seno de las comunidades sefardis sino ke tambien en los sirkolos kulturales i akademikos de Espanta i de otros paizes de avla espanyola. Ma mizmo los periodikos sefardis ke son publicados enteramente en djudeo-espanyol, estan aziendo un esforso para inkluir en kada numero un artikolo a lo menos ansi ke refranes, poemas, cuentos i anekdotas en djudeo-espanyol.

El Salom, ultimo jornal de lengua djudeo-espanyola en Turbia, ke ya estaba sobrel punto de ser serrado a kavza de la edad avansada i del estado de salud de su editor-redaktor, Avraam Leon, fue arebivido por un grupo de djovenes sefaradis de Estambol ke le estan publicando kon mucha reushidad. Es verdad ke este jornal es publicado agora en turko, la lengua avlada oy dia por la mayoria de los sefaradis de Turbia, ma aun kon esto es echo un gran esforso para ke kada numero tenga a lo menos 1-2 pajinas en djudeo-espanyol.

La revista Los Muestros es publicada en Beljika, kon un tersio asta la metad de sus artikolos en djudeo-espanyol. ‘ La Leerte Sepharade ’ es publicada en Francia kon al mayoria de sus artikolos en fransez, ma ayi tambien ay unas rubrikas en djudeo-espanyol. Lo mizmo puede ser dicho de la revista ‘Maguen-Escudo’ publicada en Caracas ANSI ke ‘Shahar-Nuevo Amaneser’ de Montevideo, ‘El Vocero’ de la Comunidad Sefaradi de santiago, Ke Haber de Miami i otras publicaciones mas, la ultima de las kualas es el I. Y. Bülteni (El boletín de la Asosiasion de los Djudios Originarios de Turbia en Israel), y ke empeso a ser publicado en Tel Aviv, pokos mezes atrás. La mayoria de los artikolos de este boletín son en turkop ma ayi tambien es echo un esforso para inkluir artikolos i poemas etc., en djudeo-espanyol.

La reushidad de este boletín, ANSI ke la de otras publikasiones sefardis, en djudeo-espanyol i otras lenguas mas, depende en primer lugar del apoyo ke les sera dado por el publiko de sus lektores. No solo apoyo finansiario, aun ke este es muy importante, sino ke apoyo moral tambien, kon letras de enkorajamiento i kolaborasiones en forma de artikolos, poemas, cuentos i anekdotas ke pueden ayudar muncho a sus redaksion a publicar jurnales, revistas i boletines mas interesantes.

Es ke tenemos ainda la energía i la perseverancia necesarias para cumplir esta tarea, de la kuala depende en grande mizura el futuro de la lengua ddjudeo-espanyola? Yo espero ke si i ke grasias a un esforso kondjunto de todos los ke aman esta lengua, no la desharemos despareser sino ke la veremos enflorecer en nuevas publikasiones tambien, en desparte de las ke ya aparesen agora.

Moshe Saul

ESTE ARTICULO VIO LA LUZ EN LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’, Nº 5 PÁGINA 47 EN JULIO DE 1996

http://ever-enen.blogspot.com/

 

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Saturday, April 21, 2007

Don Quijote: capítulo XXXII

 “Como quien cubre o tapa con tapiz en día de procesión un muladar”

para que no se vea la mierda que todo lo llena, mancha y empudrece,

así extiende su manto real a trío con basto y vástago peregrinaje,

ahora al parecer triunfante.

Ya ni sopla, ni gime iracundo el vendaval.

La quietud se ha apoderado de la altura.

Desde la cima cayó el águila donde ha posado la nieve su tapiz helado

y las plumas se desprendieron coronando y adornado su agonía.

El rebelde estertor rasga el vano mantón que cubre el muladar hediondo

donde los monos se revuelcan ensuciando sus vestimentas de oropel:

las mas burdas comedias zarzueleras en las que la Libertad es defendida por los guardas.

Los efluvios rozan el emporrado realce de su cara.

Penetran los orificios y un tenue vaho acaricia

el belfo labio originalmente galo.

La ancestral hipocresía forja  palabras donde se sopesará 

el valor del pan y el vino vuelto a encarnarse

y ofrecido durante la procesión

al padre eterno.

Del quirófano saldrán gritos  angustiosos, puros y valientes,

mientras realizan cumplimientos legislativos

y humillaciones  constitucionales,

“como quien cubre o tapa con tapiz en día de procesión” hediondo muladar.

 

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Friday, April 20, 2007

BITTUL ‘IQQARE HA-NOSRIM

·   BITTUL ‘IQQARE HA-NOSRIM

 

El año 1391 fue nefasto para el judaísmo español: año de persecuciones, de asesinatos, de bautizados a la fuerza, vendidos como esclavos…; las familias fueron destrozadas, las sinagogas destruidas o convertidas en iglesias, las juderías de tal modo hundidas que algunas, tan importantes como las de Barcelona y Valencia, no lograrían restablecerse jamás… En esta situación  actúa Jasday Crescas, rabino de Zaragoza,  pidiendo la colaboración de los reyes para salvar y proteger a los judíos perseguidos (entre ellos su propio hijo), recaudando fondos… y un esfuerzo notable contra la apostasía de muchísimos hebreos, luchando en el campo ideológico y literario, componiendo dos obras en español antiguo. Una de ellas La inconsistencia de los dogmas cristianos, tratado polémico, de carácter filosófico; y del que sólo se ha conservado la traducción hebrea (Bittul ‘Iqqare ha-Nosrim) de Yosef ben Shem Tob (Alcalá de Henares, 1451). Se entera El Sectario de todo ello y de que, aunque fue editado en varias ocasiones, Aben Ezra Ediciones publica, ahora, por primera vez,  una edición crítica, bilingüe (hebreo y castellano) con comentarios pormenorizados de Carlos del Valle Rodríguez.

 

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Manuel Blanco Chivite: MIÑANO, CASTELLANO Y AFRANCESADO

Miñano, castellano y afrancesado Por Manuel Blanco Chivite

Entre los personajes castellanos más complejos y cambiantes y, al mismo tiempo, menos conocidos hoy del XIX se encuentra, sin duda, D. Sebastián Miñano y Bedoya, natural de Becerril de Campos (Palencia), donde nació en 1779. De él nos habla Menéndez y Pelayo en su “Historia de los Heterodoxos”, Madoz en su “Diccionario Geográfico”; Alcalá Galiano en sus “Memorias de un anciano”, Baroja en varias de sus obras, amén del estudio que le dedicó Eugenio Ochoa.

Miñano, por sus cambios políticos de chaqueta –“cambios de casaca” decía Galdós- y su vida itinerante y diversa, es un personaje muy español, incluido su afrancesamiento.

Estudió en los seminario de Palencia y Salamanca. Formó parte de la secretaría de Luís de Borbón, arzobispo de Sevilla, de cuya catedral fue prebendado. Afrancesado, pasó a la secretaría del mariscal Soult, cuando este era capitán general de Andalucía durante la ocupación napoleónica. En 1812 pasó a Francia de donde no regresaría hasta 1816.

De talante liberal moderado, como todos los afrancesados, escéptico respecto a las capacidades populares y respecto a casi todo.

En el trienio liberal, 1820-1823, llegó a dirigir en Madrid el periódico “El Censor”, formando equipo con sus amigos Lista, Hermosilla y Burgos.

De 1820 data su obra más popular, “Los lamentos políticos de un pobrecito holgazán que estaba acostumbrado a vivir a costa ajena”, publicado anónimamente en forma de cartas. Se trata de una sátira contra el absolutismo y el clero y contra los sectores dominantes y exaltados del liberalismo doceañista y del trienio que arrinconaron a los viejos afrancesados. De los “Lamentos…” llegaron a editarse 60.000 ejemplares, “el mayor éxito editorial de su tiempo”, según Max Aub.

Menéndez y Pelayo califica la obra como una muestra de “ingenio castellano de buen donaire, extremado en el manejo de la ironía” y de “gracejo volteriano refinadísimo”.

La obra de Miñano durante estos tres años fue abundante y polémica: “Cartas de El Madrileño”, que vieron la luz en “El Censor”; “Discurso sobre la libertad de imprenta”, “Cartas de don Justo Balanza al pobrecito holgazán…”

Bartolomé Gallardo, que ya había polemizado con él desde su puesto de diputado en el Cádiz de 1812, le lanzó un fuerte ataque durante el trienio en respuesta a un escrito de Miñano correspondiente al número 47 de “El Censor”. El texto de Gallardo, titulado “Carta Blanca” no sería el último de este autor contra el grupo de Miñano, Hermosilla, Lista, ya que en 1834 les llamaría “mercachifles de la literatura” en un nuevo folleto.

Sebastián Miñano pasó a Francia y se instaló en Bayona en 1831, en la finca ‘Buruchuri’, según cuenta Baroja en el tomo II de sus memorias. En esta época D. Sebastián había evolucionado en sus opiniones y era ‘partidario del despotismo ilustrado’ (Baroja). También evolucionó en el terreno religioso haciéndose protestante.

En Bayona, donde vivía ‘con una señora de apellido Ochoa, de la que tuvo un hijo, Eugenio de Ochoa, escritor y académico de la Academia Española ’ (Baroja) publicó junto a sus viejos amigos afrancesados, ‘ La Gaceta de Bayona’, de ideas moderadas que en alguna ocasión se imprimió en la imprenta de los abuelos de Pío Baroja (D. Pío y D. Ignacio Ramón), situada primero en la calle 31 de Agosto y más tarde en la plaza de la Constitución. En esta imprenta vio la luz igualmente la traducción que Miñano hizo de la ‘Historia de la Revolución Francesa ’ de Thiers.

Desatada la primera guerra carlista, Miñano recibía en su finca de Bayona tanto a los enviados del bando liberal como a los agentes del pretendiente, Carlos María Isidro (Carlos VII). Cuenta el mismo Baroja que recibía dinero de ambos bandos, que le consideraban una especie de oráculo.

Murió el 6 de febrero de 1845, cuando preparaba su traslado a San Sebastián, ciudad en cuyo cementerio de Polloe fue enterrado.

D. Serafín Baroja, ingeniero y padre del novelista, jugaba al chito y a los bolos con sus amigos en dicho cementerio, utilizando alegremente algunas calaveras, entre ellas la de Miñano.

Manuel Blanco Chivite. Madrid, enero de 1994

 

 

 

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