Horacio Álvarez Hernández homenajea a su madre
Este poeta nació en Santa Clara de Avedillo (Zamora) y emigró a Asturias. Pero nunca se ha apartado de su pueblo natal. Esta composión muy bien engarzada y de un contenido dolorosamente sincero nos muestra todo un paisaje de lo que fue la España tras la derrota de la República en el bando de los trabajadores asalariados.
A mi querida madre
Madre del alma querida:
en el lecho de la muerte
tanto dolor me da verte
como tu sangrante herida.
Los recuerdos son constantes
de aquellos tiempos oscuros
cuando con grandes apuros
a los hijos nos criastes.
Y yo, que soy el mayor,
me siento con el deber
de ensalzar a una mujer
que pasó por el dolor
de que sus hijos crecieran
con grandes necesidades
debido a dificcultades
que nos dejó la postguerra.
Pues si en toda la nación
hubo una gran pesadilla,
en las tierras de Castilla
la miseria nos comió.
Los grandes terratenientes
explotaban sin piedad,
sin ver la necesidad
que pasaban otras gentes.
Y esta mujer ejemplar
trabajando noche y día,
su esfuerzo no le valía
ni para darnos el pan,
que infelices criaturas
esperaban con anhelo;
solo Dios que está en el cielo
comprenderá la amargura,
de esta madre, que hoy daría,
-si Dios me lo permitiera-
parte de la vida mía
para que ella no sufriera.
Pero que creo que mi actitud
de nada valdrá, de fijo;
pero, si, quiere este hijo
ofrecer su gratitud.
Y que todos sus desvelos
encuentren compensación;
le pido de corazón
a ese Dios que está en los cielos.
Y como buenos cristianos,
madre del alma querida,
te recordarán por vida
este hijo y sus hermanos.
Horacio Alvarez Hernández.