Reseñas del Sectario y sus Amigos
Reseñas del Sectario y sus amigos:
“Caminar conociendo” empezó sus reseñas declarando que, principal y casi exclusivamente, las haría de libros escritos por amigos; o de aquellos que, no siendo amigos, la tomaran en serio y se los enviaran. Era un punto de vista radicalmente subjetivo, sectarísimo. Pero ahora, este que escribe, El Sectario, ha tomado por suyo ese punto de vista, recordando que ya Pepe Bergamín –quizás el mayor escritor español contemporáneo- lo justificó diciendo que él no podía ser objetivo porque no era objeto… pues eso.
El Sectario anuncia que las reseñas serán –ya lo siente- algo cortas porque no tiene tiempo en detenerse en detalles que, por otra parte, no serían importantes mas que para él.
o EL NEGRO
El Ateneo Obrero de Gijón ha publicado hace poco “EL Negro”, primera novela de la “Tetralogía de Gijón” que tendrá por escenario a la villa asturiana. Sexto relato de la colección “Zigurat” que dirige el poeta David González y por cuya sugerencia le fue enviado al Sectario por el director del ateneo D. Luis Pascual; y relato doble o triplemente negro, o más: por su tema, por su trama, por la postura de los personajes, por la portada, por las ilustraciones… El protagonista de la novela trabaja de negro para el hijo del editor Hueco –nombre muy gráfico- y relata en primera persona sus problemas en Gijón pero remitiéndose continuamente a su vida de joven en Canarias, franquista y soplón. Todo lo cual permite al autor, Jesús R. Castellano, denunciar la explotación de estos escritores condenados a dar lustre a las botas de unos personajes inútiles pero pertenecientes a un estado o clase superior; y también de paso exponer, con cruel desnudez, la servidumbre a que estos ‘negros’ se ven abocados hacia esos editores sin escrúpulos, sinvergüenzas que lo único que quieren es vender más y más ejemplares, aunque no sean mas que basura. Trama alucinante (quizás por el excesivo número de ‘rayas’ de coca que se mete el ‘negro’ entre pecho y espalda) y que, cómo no, acaba con un asesinato; personajes marginales, miserables, ajenos a esa “ESPAÑAVABIEN” pueblan el relato. Que ustedes lo disfruten.
o LA MIRADA Y LAS TÁMARAS
Un día, estando el Sectario en la biblioteca, Urbano Blanco Cea “Tito” –navero que escribe muy bien- le presentó, en verano, a un joven rubio nacido en Canarias; se llamaba Alejandro Krawietz. Estuvo un rato hablando con él. Le pareció un tipo muy interesante. Dijo escribir habitualmente en revistas literarias. Y, para demostrarlo, de un estante de la biblioteca, Pública Municipal, cogió varios números de la revista Quimera y le mostró tres artículos de él: uno referente al poeta Ángel Crespo; otro sobre el poeta canario Sánchez Robayna -el Sectario confundió con un nicaragüense- y un tercero acerca del escritor brasileño Guimaraes Rosa, del que el Sectario había leído hace bastante tiempo una larga entrevista que le hizo Konrad Lorenz. Al día siguiente el Sr. Krawietz le llevó un librito “La mirada y las támaras” escrito por él mismo. Reconoce este sectarísimo reseñador que tuvo que consultar al diccionario para averiguar qué era eso de “las támaras”. Cuando leyó que eran racimos de dátiles, no le extrañó en absoluto. Abierto el libro comenzó a leerlo y se inundó de luz y de calor, de dátiles de su infancia, de miradas al “agua clara de los aljibes”, a “los platanales incendiados” “bajo los palios de las támaras”… Decimos de “su infancia” porque sintió la luz que emitía el libro de la infancia, el calor que abrasaba sus pies primeros, y se vio “aupado a las falúas”, o “huir del sol asfixiante” para refugiarse “bajo los tarajales”… Aunque, evidentemente, era la vida de Alejandro Krawietz y no la suya, que él no había estado nunca en Canarias; mas era tal la maestría con que estaba escrito que se sintió secuestrado y trasladado al borde del mar y del Teide “cadáver arrasado de rocas, simas, rajas”. Un libro, sin duda, que dará otros racimos tan incendiados como estos poemas. Escritos en prosa pero poemas clarísimos; tendría que decir que le suenan un poco americanos, quizá a Neruda… pero esto no se lo preguntó; aunque sabe que Canarias es un poco latinoamericana.
A este servidor le parece que hay que decir, y lo dice, que no es un libro reciente sino de 1996; que está editado en Tenerife por PARADISO / EDICIONES. Y que no tiene tiempo para poner el por qué… pero cree que está ante un gran poeta… si sigue escribiendo claro.
o ANTOLOGÍA POETICA
La “Antología poética” de Eduardo Gómez le vino al Sectario acompañando a la “Noche en Teherán” de la poetisa iraní Forugh Farrojzad, primer libro publicado en España de esta escritora y que el Sectario le había pedido a la editora Amelia Romero de editorial El Bardo; lo hizo con alegría para tener el libro de una escritora a la que “Caminar Conociendo” se había adelantado tres años en darla a conocer al público lector. Y no sabe él por qué, pero con “Noche en Teherán” vino el de Eduardo Gómez al que tal vez le tenga querencia la editora. Lo cierto es que lo leyó y quedó muy agradecido ante una poética dura como el mundo, sin florituras y que por estos lares, el sectarísimo reseñador, no la ha leído últimamente excepción hecha de David González y Karmelo Iribarren pero en otro estilo. La antología recoge textos de los seis libros que anteriormente ha publicado. El Sectario no va a dárselas de descubrir, quizás la luna, a los lectores; es decir, de descubrir a este poeta colombiano, porque… ¿quién sabe si ya lo han dado a conocer?; él no lo sabe; pero, si lo ha descubierto para él.. Le gusta su “depurado y acerado lenguaje”, “el engranaje de patetismo e ironía” supone que ante un país, como el suyo, Colombia “agotado por el caos, la corrupción y la violencia”. El Sectario está seguro que aquí no hay ese caos, está todo ordenado, y bien ordenado, para que nos vayamos muriendo lentamente… de asco. Por lo que piensa, y lo dice, para terminar: que está de acuerdo con el poeta en eso de que “de palomas en fuga y marchitos sueños // está hecha la sustancia del habitante de las calles”. Está dicho.
o CASI SUEÑOS. TRADUCIDO DE LA NOCHE
Recuerda el Sectario que en 1947 Rabemananjara, poeta malgache, escribió desde la prisión, donde estaba condenado a muerte, sin duda pensando en él y en otros, como él, que esperaban en capilla: “Las estrellas mueren sin un suspiro. // ¡Qué mano elevada al horizonte // llevará a los labios de los héroes // la roja ofrenda de la Aurora!” Tenía mucha razón para estar preocupado: el ejercito colonial francés segaba sin misericordia las tiernas gavillas de la insurrección malgache: cerca de 100.000 murieron en una de las más sangrientas represiones que haya visto la historia contemporánea; el Sectario ha dicho una, no la mayor. El poeta, que luego salvó la vida de milagro, era jovencísimo, tierno, como una cualquiera de aquellas gavillas que fueron segadas.
El Sectario es muy sensible -supone que a otros les pasará igual- a las muertes de los valientes y humildes cuyo único delito es rebelarse contra la opresión de los colosos. Y sigue pensando como Gorki: la locura de los valientes es la única sabiduría. Pero hay también otras muertes que le estremecen; por ejemplo: el suicidio de otro poeta malgache que ya adivinara o intuyera las gavillas: Rabearivelo.
Diez años antes de que Rabemananjara escribiera esos versos citados más arriba, Rabearivelo se daba muerte, ya que nada tenía que hacer en este mundo, en esta vida que “se nos muestra demasiado rebelde…” por lo que sólo le quedaba tenderse “bajo la hierba echar una mirada tierna sobre aquello que algún día formará gavillas…” Y tomando 10 gramos de cloruro potásico, envía un beso a los libros de Baudelaire… mira el retrato de su familia: “… mis últimos pensamientos, son para vosotros.” “Ingiero un poco de azúcar. Me ahogo. Voy a tumbarme”
Este relato de su muerte, sacado de una página del diario inédito titulado “Cuadernos azules”, puede leerlo el Sectario porque la editorial Hiperión ha publicado, por primera en castellano, los dos poemarios más famosos del poeta malgache, “Traducido de la noche” y “Casi sueños” y lo incluye al final. Es de agradecer que una editorial publique voces, gritos de timbre ajeno al soberbio mundo occidental, glorioso y siniestro mundo occidental, no se olviden los 100.000 muertos, esos tiernos manojos ensangrentados, a los que nadie acercó, entonces, “la roja ofrenda de la Aurora”. Quizá algún día alguna de estas editoriales con sensibilidad traduzcan la obra de Aimé Cesaire “Cuaderno de retorno al país natal”: algunos lo agradeceríamos. El Sectario agradece a su editor el poeta Munárriz el envío del libro; libro magnífico, en edición bilingüe con traducción, introducción y notas de Juan Abeleira. El Sectario conoce poco el francés por lo que nada puede decir de la traducción; mas… si tiene que poner alguna pega, sería esta: que en la bibliografía sobre Rabearivelo no se recoge la antología titulada “Diwan Africano” del cubano Rogelio Martínez Fure, editorial Arte y Literatura, 1988. Este olvido (o desconocimiento) puede corregirse en una segunda edición, si la hay.
o DESDE MI CELDA
Todo el mundo sabe que el poeta, el gran poeta, G. A. Bécquer, escribió una serie de cartas, desde el Monasterio de Veruela en Burgos, rotuladas “Desde mi celda” en 1864. El Sectario también lo sabe. De modo que, novedad lo que se dice novedad, este libro no es. Pero que se reedite con una introducción de la profesora Mª Paz Díez-Taboada, amiga del Sectario y colaboradora de “Caminar conociendo”, eso si que es novedad. La editorial Espasa Calpe pone en la portada “Nueva edición. Lectura recomendada”. Y dejando aparte el reclamo publicitario, efectivamente es nueva: del 2.000; y, sí, puede recomendarse muy merecidamente, sobre otras ediciones de Bécquer, por el excelente estudio de la amiga del servidor que escribe estas reseñas; estudio que contiene un perfil biográfico haciendo hincapié en la perenne juventud del poeta romántico y su trabajo como periodista; esto le permite adentrarse en la unidad y variedad de sus cartas, en los rasgos costumbrista… Ya acercándose al final la profesora incluye un apéndice: cuadro cronológico, documentación complementaria donde se recoge el juicio de diversos autores sobre Bécquer y terminando con un taller de lectura carta por carta. Volver a leer a un clásico siempre es recomendable. Leer estas cartas es, además, doblemente enriquecedor.
o UN PROTESTANTE SEVILLANO: FUENTE ESENCIAL DE “HAMLET”
En el número anterior de Caminar conociendo se daba a conocer el libro de Francisco Ruiz de Pablos mediante parte de un artículo del propio autor; el Sectario dice “parte” puesto que todo el artículo no pudo publicarse al llegar tarde y no haber espacio; el Sectario no podía calibrar la valía de tal ensayo al no ser especialista en Shakespeare; algunos se admiraron, eso sí, de la valentía del profesor Ruiz de Pablos al atacar otro libro sobre Shakespeare del señor Trillo; y es que estos saben de la larga mano del poder; aunque quizás no se han dado cuenta de hay libertad de expresión, o… si se han dado cuenta desconfían de ella.
Ahora el Sectario lee un artículo -y se alegra mucho- en la revista Insula, número 649-650 en el que, desde Cornell University, Ciriaco Morón Arroyo dice lo siguiente (y es sólo el comienzo del artículo): <<El profesor Francisco Ruiz de Pablos acaba de ofrecer un libro en principio sorprendente, y, en última instancia, revolucionario. Su título: Un protestante sevillano: fuente esencial de “Hamlet”.
Descubrir una fuente desconocida de Hamlet es un logro que los especialistas reciben, por de pronto, con sospecha. Porque ¿se puede descubrir algo nuevo sobre Shakespeare en el plano de la erudición? Si, además, esa fuente merece el calificativo de “esencial”, no hay término medio: o es una chaladura o una enorme aportación a los estudios sobre la obra quizá más famosa de las literaturas clásicas modernas. Pues bien, a mi parecer –dice Ciriaco Morón Arroyo- el estudio del profesor Ruiz de Pablos nos brinda esa aportación>>. Pues, lo dicho por el Sectario: felicidades, amigo Francisco, esperamos nos mandes algún día EL LIBRO.
o LIBRO DE INVENTARIO Y ARQUEOLOGÍA SUBMARINA
Con el título Una voz nueva José Luis Morante le envía la siguiente reseña al Sectario acerca de las dos obras de Arturo Ledrado que aparecen tras el punto:
<< Arturo Ledrado (Madrid, 1959) nos mostró sus poemas iniciales en un libro de título premonitorio, Encuentro en Rivas, un trabajo colectivo que aglutinaba firmas conocidas e inéditas. Desde entonces ha desarrollado una amplia labor como editor y activista cultural y ha colaborado con frecuencia en medios de comunicación. Hace un lustro creó la Asociación Prima Littera y por eso, con frecuencia, su nombre ha estado más relacionado con la infraestructura del libro que con la producción de textos propios. Sin embargo, en él la escritura es vocación temprana como lo atestiguan los relatos ahora reunidos en Libro de Inventario (Encuentro en Rivas, Madrid, 1999), carta de presentación en solitario rescatada de carpetas sepias y oscuros cajones, una entrega que bien podría titularse Cajas chinas.
Con prólogo de Norberto Romero, el conjunto acoge 22 textos de un amplio escaparate argumental y estilístico, como si hubieran sido escritos en tiempos y atmósferas sucesivas. Los hay que imitan la caligrafía solemne y sentenciosa de un informe funcionarial, como el titulado “En su defensa expone”; otros recuerdan relatos de tradición oral para alegrar las sobremesas del invierno, e incluso alguno corresponde a la percepción esteticista de una anotación de dietario –“Sinfonía azul” sería un buen ejemplo-. Otros son palimpsestos de algunos autores de culto como Julio Cortazar o Juan Rulfo, dormitan en zonas fronterizas entre el artículo periodístico y el relato minimalista.
Entre estos cuentos y su poemario de presentación hay muchos lazos de parentesco y no pocos caminos de ida y vuelta. El título de su poemario es Arqueología submarina cuyo sentido atestiguan algunos versos de su poema “Bajo llave”. En esta composición leemos: “No vaya a ser que a cada instante // un objeto común y ajado nos recuerde // que ayer pasó, // que una parte significativa de nosotros // es ya materia de arqueólogos”. Por tanto, su poética sugiere que la escritura aborda el rescate de las muertes domésticas que conviven con nosotros, como si fuéramos escombros de una civilización antigua que alguien reconstruye a partir de un legado semiderruido.
Abunda en los versos una simbología de la destrucción. Así el diluvio, esa lluvia copiosa que cuando amansa permite a la paloma regresar con una ramita de olivo en el pico; pero que ha liberado al basilisco que ha borrado del mapa unicornios y grifos y sirenas, ha marchitado sueños y esperanzas y ha dejado el nivel de las aguas en su cota de diario. Ninguna simbología implícita hay en la muerte, una de las obsesiones redundantes de Arturo Ledrado; la muerte como una puerta a la sombra, según explicita el poema “Fondos de inversión”.
Otro gran filón argumental del libro es la poesía urbana: la ciudad como entorno y latido, una aglomeración de coordenadas geográficas precisas, un Madrid arquetípico que acumula soledad y desarraigo, monotonía y horarios laborales, mendigos y rostros que se pierden para siempre al doblar una esquina.
Ambos libros se complementan y nos dejan las primeras fotos de una voz nueva a la que deseamos los mejores itinerarios. Ilusión y oficio no le faltan.>>
José Luis Morante
o CONOCIMIENTO, REVELACIÓN, LENGUAJES
No es este librito de 32 páginas –Conocimiento, revelación, lenguajes; Antonio Gamoneda; Cuadernos del Noroeste, 3; La Biblioteca IES.; León: Lancia, 2000- un conjunto de poemas. Antonio Gamoneda, insistiendo en la línea de su librito “El cuerpo de los símbolos”, expone en este ensayo su saber sobre la poesía a partir de su revelación, intensa y amorosa, con ella.
La cita de José Luis Pardo que abre el cuaderno es reveladora de lo que luego Gamoneda irá desarrollando: “El poder de la palabra para deshacer significados establecidos es, sin duda alguna, un poder subversivo y liberador.”
El lenguaje –escribe Gamoneda- genera conocimiento cuando las cosas ya tienen nombre. Pero el poema generalmente nombra lo desconocido, lo que en ese momento en que germina el poema se va descubriendo, antes no visto ni sentido. Nombrar lo recién nacido es revelación, es su despliegue. Se me ocurre añadir, para ilustrar lo que Gamoneda dice, lo siguiente: Hubo un tiempo en que los árboles no existían, no tenían nombre. Solo cuando el hombre dijo árbol, el árbol se desprendió de todo lo que le encubría: y resultó ser hermoso, derecho o torcido, y, además, el viento movía sus hojas.
Gamoneda pone en evidencia dos maneras de lenguaje: uno es el lenguaje informativo, convencional, socialmente pactado y que, a veces, sirve como transmisión del conocimiento del mundo: el lenguaje científico; a veces expone hechos imaginarios: el lenguaje literario; y, a veces, se degrada hasta hacerse políticamente correcto.
Con el lenguaje informativo tiene mucho que ver el “pensamiento programadamente débil” que se identifica con un liberalismo falaz propio de las democracias ‘occidentales’. Cita Gamoneda a Valente: “la privación de sentido (…) es el arma por antonomasia de la democracia”. Y dice rotundamente: “instalarse en el pensamiento débil es una inmoralidad”. Añade por su cuenta Gamoneda: “Que la escritura que se supone poética esté impregnada de éste no-pensamiento es una añadidura dolorosa. Sólo la rebeldía del pensamiento poético utópico, que resultará irrealista y anormal respecto de la despreciable y débil normalidad al uso, tiene dignidad y ese ‘sentido’ de que hablan Bernard Noel y Valente; sólo –de acuerdo con José Luis Pardo- la rebeldía de la creación libre puede ser crítica y mantener valor moral frente a la existencia dirigida. Este es un asunto para la conciencia, pero lo es también para el lenguaje. Naturalmente, ir de irrealista o hermético sin más, no otorga cédula de poeta, pero la analogía del lenguaje minirrealista pretendidamente poético (ése que se promueve poco menos que en términos de mercado y que está casi ‘oficializado’ en España) con los lenguajes informativos instrumentados por los poderes económico y político en sus tecnologías mediáticas, es la prueba de su debilidad moral añadidura a la debilidad estética” (pag. 21). La cita ha sido larga pero se hace un diagnóstico real y preciso del estado actual de la poesía en este Reino.
Otro es el lenguaje creador, el lenguaje de la revelación, que es el lenguaje verdaderamente poético. El lenguaje es algo muy diferente de los otros, también del literario. La revelación por la palabra, el lenguaje poético, nace –al menos Gamoneda está convencido de ello- en la ‘confusión’ de una causa musical y una causa significativa: es un “pensamiento que canta”. Este lenguaje también es creación y de la creación nace realidad siempre.
Habla también Gamoneda, con respecto a este lenguaje creador, de ‘memoria de partes’, es decir, recuerdo fragmentado para comprender el todo. Y la memoria es conciencia del tiempo vivido y desaparecido. Y, sin embargo, se escribe poesía por y para el placer. Si para Parménides la vida es producto de contrarios, para Gamoneda la poesía se genera desde la memoria de lo perdido, desde la herida del tiempo y para suturar esta herida. La palabra poética es palabra que cura, y engendra –por eso produce placer- el momento siguiente, viviente. De ahí la necesidad de la poesía.
Este lenguaje de creación / revelación, primordial para el conocimiento pues es semilla del lenguaje, es el propio de la poesía.
Y termina Gamoneda: “Enorme, irreversible conquista ésta (el lenguaje poético), aunque no les parezca así a quienes han salido de sí mismos y han puesto, quizá, sus mejores potencias para entrar, conscientes o no, en la obediencia al poder y ayudar desde el pensamiento débil a sus intereses”.
Ovidio Pérez Martín
· SANGRE DE LUNA
Félix Rosado publica “Sangre de Luna“, un drama épico y romántico.El escritor navero relata en su novela las historias de un bandolero.La guerra de Cuba y la Andalucía del siglo XIX español son escenarios de la novela “Sangre de Luna” publicada por nuestro amigo y paisano Félix Rosado, escritor y periodista de Las Navas del Marqués. Brand Editorial ha puesto en el mercado la obra de este autor que fue vivamente elogiado durante la presentación del libro en el Ateneo de Madrid. El también escritor Raúl del Pozo, columnista del periódico El Mundo y comentarista de televisión, ejerció de padrino en el lanzamiento literario de Félix, de quien dijo que posee “talento de escritor” como demuestra su novela Sangre de Luna. “Tiene todas las características que según Faulkner debe tener un escritor: experiencia, sentido de la observación e imaginación”; después de leer su novela, lo primero que hay que decir es que el lector no se aburre en ningún momento; en su novela pasa de todo, y asistimos en un libro dividido claramente en dos partes a dos historias totalmente distintas; en la primera parte, Sangre de Luna recorre las desventuras vividas y sufridas por los españoles en la guerra de Cuba: cien mil soldados luchan contra la insurrección de los hacendados, criollos y morenos, ochenta mil están enfermos o heridos; en el matadero de Cuba morían a miles después de pasar grandes calamidades, hambre y males de salud: “llegaron a un fuerte y se murieron entre balas y enfermedades, dicen que son peores la disentería, el tifus y la viruela que el fuego del enemigo“, relata.
La historia de la guerra está basada en hechos reales, aunque el autor recurre a la ficción para recrear un escenario dantesco en los cuarteles, los barcos, el mar, las sierras de Cuba. Los españoles conocen que España perdió la isla de Cuba “pero no se conoce demasiado lo cruel y sangrienta que fue esta guerra”, dice el autor. “Los soldados sufrían con auténtico terror las temibles cargas de machete de los mambises”.
La segunda parte de la novela cuenta la historia de un superviviente de aquella guerra, la de un soldado que se convierte en bandolero tras cometer un crimen pasional; aparece aquí el drama romántico en la Andalucía de los caciques y los terratenientes, “donde nadie da un real por nadie”. El protagonista, Curro Córdoba, se enamora de una mujer desconocida, según los vaticinios de una pitonisa. Cuentos y leyendas desfilan por sus páginas, personajes históricos, el mundo taurino de la época (Pedro Romero, el torero que mató más de cinco mil toros), bandoleros (el Tragabuches, los Siete Niños de Écija), los reyes Isabel II, Alfonso XII, María de las Mercedes, Prim, Ramón y Cajal, la pena del garrote vil. Según dijo Raúl del Pozo “es una novela de talento; no se la pierdan”.
Sin tiempo para mentar: El veneno de las rosas de Pilar Narbón; Las mariposas azules de José A. Aguirre; Un rey golpe a golpe; Juan Cruz Iguerabide y Obra periodística de César M. Arconada.