Tuesday, March 10, 2009

Manolo Martín de Mena: ‘Fuente, Fuentespreadas’

Martín de Mena: ‘Fuentespreadas’

Fuente; tu luz se ilumina,
espejo y luna tallada,
agua pura y cristalina
que brota de la calzada.

El sol reseca tu piel,
la luna besa tus manos,
tu has mitigado la sed
a españoles y romanos.

Se murieron tus viñedos,
pero no murió tu historia,
porque tienes de tus deudos
la riqueza meritoria.

Tumbas de piedra talladas
yacen valientes guerreros,
espuelas que han sido halladas
en caminos y senderos.

Sarcófagos y molinos,
brazaletes y alfileres,
contemplan vuestros vecinos
el valor de estos enseres.

La luz destella otro foco
rebosante de cultura,
escudos de arte barroco
con elegante escultura.

Camino Santa Colomba,
las huetes(*sic) quedan los restos;
no tiene la iglesia tumba
para descansar los muertos.

Desgarran fustes romanos,
los frisos son desplomados,
se desmoronan las piedras,
con el paso de los años.

Amar la vida es precioso
aun gastados los peldaños,
el ser joven es hermoso
aunque tengas muchos años.

Ni la espada de tu mando,
ni las espuelas doradas,
la bravura del soldado
no conquistó Fuentespreadas.

El Perdigón, 28 de Diciembre de 1991

__________

(1) El título es nuestro

(*sic) ¿Huestes?

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Saturday, November 8, 2008

Rodrigo de Reinosa: Gelofe Mandinga

Vean un ejemplo de la presencia de los negros en España. Es decir de la esclavitud. Es un texto de Rodrigo de Reinosa. Por cierto, que al trasladarlo a este blog han desaparecido los versos.

*

Rodrigo de Reinosa (Cossío 1950:111-117): Gelofe Mandinga te da gran tormento, don puto negro, carabayento … Tu terra Guinea, a vos dar lo afrenta, doña puta negra, carabayenta… A mí llamar Comba de terra Guinea, y en la mi tierra comer buen cangrejo, y allá en Gelofe, do tu terra sea, comer con gran hambre carabaju vejo, cabeza de can, lagarto bermejo, por do tu andar muy muyto fambriento, don puto negro, carabayento… A mí llamar Jorge, Mandinga es mi terra comer muyto farto taybo, alcuzcuz, porque falar y, su puta negra perra, y haber en tu terra pescado marfuz; yo te juro a vos y a eta que cruz, que mí te facer faltar la pimenta, doña puta negra, carabayenta… Haber en tu terra muy muyta caranga, tener en tu terra muy muyto gaul, comer en tu terra muy muyto carpanga, deitar muyta pulga por ollo do cul; saber mí cantar el dulce undul, maagana tambén, cuando me contento; don puto negro, carabayento… A mí saber bien bailar el guineo, si querer, conmigo facer choque, choque, y con un bezul dos veces arreo en vostro becer allá se me troque; si vos querer que a terra vos derroque, yo juro a vos que no se arrepenta, doña puta negra, carabayenta… Jesu, Jesu, garaos de odemo, no tener tu grassa, vos muyto falar, id muyto embora, que ya me apostemo, no verte Grisolmo con vos aquí estar; dar en ti fongón, querer tí matar, andar vos de ahí, caranga, pioyento, don puto negro, carabayento… Yo ser de mandinga y estar negro taibo, y estar garrapata vostro parente, y vostro lenguaje yo muyto ben sabo ser terra Guinea de marfuza gente, no estar taiba mas muyto pioyenta, doña puta negra, carabayenta… A mí tener yo un otro guardián que dar a tí vos bon fongón barel, que dar a mí muyto pedaso de pan y bona melcocha y turrón de mel; estar vos marfuz y estar taybo él, y vos estar negro muy gusarapento, don puto negro, carabayento… Estar yo buen negro de obispo criado, y ser de Gelofe, a mí andar en Corte; estar piojo branco vostro cuñado, tener yo alhoría con que me dé porte; yo no estar marfuz, estar hombre forte, facer choque, choque, en vos me consenta, doña puta negra, carabayenta… Guala nunca herrar le, le, andar vos y vete, marfuz, achur, achur, andar en bon hora vos busca mandé, tomá para vos garango, gur, gur; vos estar bellaco, muy muyto tahur, Grisolmo me dar fé de casamento, don puto negro, carabayento… Carabajo preto lo corpo te coma, carabajo preto te quera comer; si vos tabaniquete querer facer y dejar a Grisolmo, por vuestro me toma; aunque tener vos la nariz roma, mi amo tener muy muyta renta, doña puta negra, carabayenta… Comer en tu terra muyta moxca asada, muyto cangreju asar asador, cigarra en cazuela con leche cuajada, asar en parrilla moxquito mayor; y, estar criada del carrajador, con mi ama en misa me asento, don puto negro, carabayento… Mangana, mangana, no tener vino ni chucaracana… Yo me ir a porta de ferro con mi esporta y asadón, a buscar esterco de perro con que comprar camisón; mi amo no dar jubón si mí trabajas no gana, mangana, mangana, no tener vino ni chucaracana… Yo me ir a porta de villa, antes que salir el sol, con mi pala y esportilla a coger la caracol, para mi amo comprar col que vender en el aduana; mangana, mangana, no tener vino ni chucaracana… Yo me iba allá a la horta para el nabo mercar, e abrir pasico la porta y hortelano no fallar; y los nabos le hurtar, y una cebolla albarrana; mangana, mangana, no tener vino ni chucaracana.

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Wednesday, November 5, 2008

Carlos Sahagún: El preso

El preso
(Ala memoria de M. H.)

De madrugada aún lucen las estrellas,

aun nos dejan alzar los ojos,

dar al aire libre lo más nuestro, ver

como se quiebran las palabras vivas.

Carlos Sahagún

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Friday, October 3, 2008

Jon Muñagorri / Jon Arzalluz Eguiguren

Jon Arzallus Eguiguren nos dio un poema en euskera (’Borrokan haizkolari trebea’) que hemos perdido y nos lo tradujo al castellano. Ya que no lo tenemos en euskera, aquí les ofrecemos la traducción castellana:

“Levanta la cabeza, hijo.
Eleva sobre el viento
tu puño ebrio de ira
descárgalo con fuerza
diestro haiskolari de la lucha.

Coge por el pescuezo el gallo negro,
retuércelo, ahogando el canto en su garganta.

Blándelo con furia
que bueno es a falta de otra cosa
para inclinar la frente del verdugo.

Fiero, malhumarado
monte abajo viene el río;
río que ansía el agua
como jabalí gruñendo
desea su cría.

Trae sus cerdas puntiagudas.

En la boca espuma y baba.

Los dientes abren camino.

El buho lanza en la noche
su grito de guerra.

Las cimas han recogido
la llamada del valle.

La serpiente se deshizo de su piel.

Embiste y destruye, ¡oh mar!
ese julio negro y decadente.

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Monday, August 25, 2008

Horacio Álvarez Hernández cumple el servicio militar en Africa

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Mi servicio militar  1956

Relación en cuartetas de Horacio Álvarez Hernández (Santa Clara de Avedillo, provincia de Zamora) sobre su estancia en África cumpliendo el servicio militar cuando era obligatorio.

Como a todo ciudadano
me llegó la edad de ingresar
a ese tormento obligado:
el servicio militar.

Le vino el gran sufrimiento
a mi madre ¡pobre de ella!
saber que mi regimiento
tiene su sede en Melilla.

De Avedillo yo salí
con un nudo en la garganta,
y además… (sic) ¡con una manta!
¡Ay pobrecillo de mi!

Mi hermana qquedó llorando
cuando me fue a despedir,
y me dio el último abrazo
allá en la cuesta el “toril”.

De Zamora a Madrid,
en aquel tren de vagones;
cuando llegamos allí
ya dolían los… riñones.

Allí pasamos la noche;
nada más desayunar
nos metieron en los “coches”(sic)
y hasta Alcazar de San Juan,

donde aquel tren infernal
hizo la primer parada;
pero nada de acampada,
paró para repostar.

Atravesé Andalucía,
pasé por Despeñaperros;
metidos en los vagones
lo mismo que los corderos.

Málaga desde Zamora,
cuatro días de viaje;
ya se adivina el paisaje
de la infame costa mora.

Y ya en Málaga embarqué
en un mar con violencia,
el trasatlántico aquel
era el Ciudad de Valencia.

El día dos de abril
a Melilla yo llegué
y con camiones de allí
me llevaron al cuartel.

Tres días tardé en saber
donde estaba situado;
a mi  manera de ver
salía el sol por otro lado.

Me llevaron a las duchas
y de ropa me cambiaron,
y lo mismo que una trucha
la cabeza me dejaron.

Empecé a hacer instrucción:
medias vueltas, variaciones,
pelar algunas patatas…
¡Cosa de las instruciones!

Arresto de Imaginaria (sic)
¡Dios mío, qué pesadilla!
el teniente me arrestó
por escaparme a Melilla.

Se me olvidaba decir
-ahora lo digo y en paz-
donde me toca servir
se llamaba El Zoco El Haz.

Un cuartel de Regulares (sic)
que mentarlo es un tabú;
está en siniestros lugares
cerca el monte Gurugú.

Hacemos movimientos:
sobre el hombro, a tierra, rindan…
Detrás estaba el sargento
¡qué soltaba cada linda… (sic)!

Yo muchas veces temblaba
cuando lo veía venir;
no saber si regañaba
a un compañero o a mi.

Lo primero la instrucción
solo para el ‘combatiente’ (sic),
luego pasa a la escuadra
que ya es más inconveniente.

Luego viene el pelotón,
que ya un sargento lo manda,
y es lo mismo la instrucción
que la que tiene la escuadra.

Pero es con la ‘Sección’ (sic)
que la cosa es algo dura
porque lo manda un teniente
y es demás embergadura.

En siguiendo la Compañía (sic)
que la manda un capitán,
entonces por pelotones
tenemos que desplegar.

Pasamos luego al tabor
que son cinco compañías,
y lo manda un comandante;
¡más dificil todavía!

Así sucesivamente
hasta todo el grupo entero
que lo manda el coronel
y es el asunto más serio.

Y como aquí no hay manera
de arreglar este tinglado,
cuando juramos bandera
yo me apunto para cabo.

No sé si esto es bueno o malo,
el tiempo ya lo dirá;
lo que si es seguro ya
que me libro de algún palo.

A los tres meses veía,
-y… ¡que caray!… con agrado-
que en aquel orden del día
salía nombrado cabo.

Y… amigos… es cojonudo,
pues se gana más dinero;
lo peor… que un compañero
tiene que hacerte el saludo.

Porque hay mucha discuplina,
es una fuerza de choque,
y le toque a quien le toque
no se consienten pamplinas.

Empiezan a dar destinos
y en la orden del Cuartel (sic)
la fortuna va conmigo:
me nombran Cabo Furriel (sic)

¿Sabéis lo que significa
este mando que me dan?:
que no haré ninguna guardia
y que no me falta el pan.

Estoy loco de contento,
mas a los muy pocos días
nos mandan de campamento;
le toca a mi compañía.

Yo me puse en lo peor,
pero fue que no sabía
que era de Plana Mayor (sic)
la novena compañía.

Esto si que tiene gracia
porque a dicha compañía
sólo le pertenecían
asuntos de burocracia.

Yo fui el más feliz del mundo
por lo bien que allí vivía
pues solito compartía
una tienda de campaña.

Para mi aquí no hay diana,
ni silencio, ni fajina,
ni retreta, ni cocina…
en fin, que no hacía nada.

Solo repartía el pan
y paja para los mulos,
porque todo lo demás,
para mi, todo era nulo.

Así el tiempo transcurría
estando de maravilla;
cuando me escribe mi tía
que vendría a verme a Melilla.

La noticia me produce
alegría desbordante,
lo cual luego me conduce
ir a ver al Comandate.

Necesitaba permiso
para atender a mi tía;
y el comandante me dijo
que me daba cuatro días

porque él no podía más
aunque dijo que podía
presentarme al general
que alguno más me daría.

Y al general me presento,
la verdad, algo remiso;
pero me dio más permiso,
¡estoy loco de contento!

Asi que, al siguiente día,
me pro del Campamento
y a recibir a mi tía
en Melilla me presento.

Ocho días de paisano
paseando por Melilla,
hasta aquí de maravilla;
al regresar ¡vaya chasco!

Cuando llego al Campamento
mi maleta ‘desguazada’(sic);
yo que estaba tan contento;
pues me dejaron sin nada.

Yo que cuando la dejé
la tenía tan repleta…
¡que disgusto me llevé
a ver así mi maleta!

Así es la vida, señores,
hay días maravillosos,
mas hay también sinsabores
que te dan los envidiosos…

*

Ahora una breve historia
de amor, aunque pasajera,
se quedará en mi memoria
creo que hasta que muera.

Aquí escasea el agua,
por ello, toda la tropa,
siempre un día por semana,
vamos a lavar la ropa

a un río, se llama el Rif;
cuando vamos a la cita
-aquí es donde estuvo el quiz-
lavando está una morita.

Empecé a decirle cosas
pero ni caso me hacía;
así que lavé la ropa
y me fui hasta otro día.

A la semana siguiente,
misma hora y mismo día,
puesta en la misma corriente
lavando estaba la mora.

Otra vez me acercop a ella;
pero esta vez, asevero,
que es la chiquilla mas bella
que he visto en el mundo entero.

La seguí echando piropos
cuando vo que se reía;
por lo tanto, aunque poco,
algo el idioma entendía.

Y tramo conversación
con esta  linda morita;
entonces mi corazón
con más fuerza me palpita.

De la cita semanal
que cierto tiempo tuvimos
como norma general
con más frecuencia nos vimos.

Así, hasta que una mañana
sentados en un barranco
bajando por la montaña
vemos venir un moranco.

Y, la verdad, que no entiendo
lo que pudo suceder,
pero ella salió corriendo
y jamás la volví a ver.

Cien veces al río fui
esperando hora tras hora
pero ya nunca mas ví
a aquella preciosa mora.

No es que mejara huella
o esa que tan mal se quita
pero a consecuencia de ello
rompí con mi novia Anita.

No es que fuera gran amor
es que sentí por Anita
pero al faltar la morita
me puse de mal humor.

Y a modo de desahogo
le escribí a la salmantina
una carta tan cretina
que dio con el traste todo.

Aunque lo quise arreglar
cuando a España regresé
ella dijo… que ni hablar
y sin ninguna me quedé.

Triste y con poco dinero
transcurrió el tiempo y un día
sin saber ni lo que hacía
me apunté a cabo primero.

Quizá la vaga esperanza
de obtener tal distinción
por una pueril venganza…
Les cuento la situación:

Tuve un tiempo un amiguete
que pensé que era leal
pero solo lo era tal
cuando yo recibía paquete.

El era Cabo Primero
a fuerza de reenganchar,
o sea era un chusquero,
le gustaba merendar.

Por eso andaba conmigo
aquel andaluz fulero
que resultó traicionero
a quien consideré amigo.

Así, un día, este buen mozo,
se olvidó de la amistad
y ejerciendo su autoridad
mandome, si, al calabozo.

Fue por una tontería
que no merece mención;
quise su categoría
pa pedirle explicación.

Y lo pude conseguir
teniendo su graduación
para poderle decir:
chaval… ¡eres un cabrón!

Cuatro meses ejercí
aquella categoría;
y, la verdad, no valía;
eso no era para mi.

Y eso que mis superiores
me querían animar
a quedar de militar
al verme ya con galones.

Pero no quise quedarme
y aquí termino mi historia;
solo tengo en la memoria
la hora de licenciarme.

Horacio Álvarez Hernández

Posted by María Pita at 21:41:55 | Permalink | No Comments »

Friday, April 11, 2008

Una poetisa africana: Anoma Kanié

Todo lo que me has proporcionado, África

lagos, bosques, lagunas bordeados de calimas

todo lo tu que me has concedido,

músicas, danzas, cuentos de veladas en derredor del fuego

todo lo que en mi piel has cincelado

tintes de mis ancestros

indelebles en mi sangre

todo lo que me has dado, África

me hace caminar de esta manera

con un paso diferente a cualquier otro

la cadera rota bajo el peso del tiempo

los pies anchos por todas las marchas,

todo lo que me has dado en herencia

y hasta esta pereza atada a mis talones,

lo transporto con orgullo en mi frente

mi salud ya no la pierdo

y paseo, marcho, camino

cantando mi raza por el mundo

ni mejor ni peor que cualquier otra.

Todo lo que me has dado, África

sabanas que broncea tu sol cenital

tus animales -que dicen perversos-,

tus minas, inexplicables tesoros

obsesión de un mundo antagonista

tu pena por haber perdido paraísos,

te protejo todo con mano implacable

hasta la luminosidad de los horizontes

para que continúe, por siempre intacta

esa misión que te confirieron los cielos.

 

(versión libre)

Posted by María Pita at 15:59:08 | Permalink | No Comments »